Siempre que pienso en esta historia
recuerdo como ella con gracia cuenta, que le gritaba a su amiga la gorda “corre
corre Gladis vamos hermanita”, es así
como una joven en busca de cumplir sus sueños llega ilegalmente a Estados Unidos, fue a ganarse
una ‘’plática’’ con la idea de volver pronto a Colombia, pues allí la esperaba
su hijo de un ano que dejo con su madre.
Sus primeros días transcurrieron en el frio
invierno de Nueva York, sin ropa
apropiada y sin un lugar donde dormir le toco lavar pisos y baños, el sueño
de una ‘’plática’’ se convirtió en cómo sobrevivir en un lugar donde ni
siquiera hablaban su mismo idioma, ella con orgullo dice ‘’como buena
colombiana no me detuve por nada’’, fue así como pronto empezó a mandar dinero a
su casa.
Sus días pasaron entre comidas rápidas y
frías, de un lugar a otro respirando olor a detergente y cloro, productos que
rápidamente crearon un imborrable huella en sus manos, esto la llevo a querer
regresar a su país pues eran sus herramienta de trabajo.
En el momento que decide con toda
determinación volver a casa llego algo inesperado, una amnistía para
ilegales, sin nada que perder y con la ilusión de estar legal en ese país
para un mejor trabajo, se presentó con su actitud despreocupada y sus
manos en carne viva, le dijo a la mujer que la atendió que mirara sus manos,
que ella no era una delincuente y que solo esperaba darle un futuro a su
pequeño hijo y fue así como sin creérselo paso a ser residente de los estados
unidos.
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