miércoles, 18 de noviembre de 2015

La luz del disturbio


   
    Mairoby, una mujer de decisión y lindos ojos color chocolate, piel brillante y palabras sutiles, baja estatura y sentimientos profundos. 
   Con poco tiempo pero definitivamente muchísima entrega ésta dama logra cumplir con su salud, estética y bienestar, y como si fuera poco, también con las de su familia. Le apasiona entrenar y hacer obras de arte con la estufa de su cocina que contribuyan de manera saludable con el paladar de su familia. 
   Sus delicadas y pequeñas manos toman el volante del auto cada día, antes de que salga el sol, cuando el cielo se torna azul, naranja y hasta un poco rosa algunas veces, ella ya está en las calles con sus hijos. Luego de dejarlos en la escuela o universidad, emprende el viaje a su lugar favorito (después de su hogar) el gimnasio. 
  Pasó un tiempo difícil, por tener a su madre y hermanos lejos pero encontró algo que la aleja de de la melancolía, el entrenamiento físico. 
   No es una persona de muchos amigos, tiene amigos que se pueden contar con los dedos de una mano, muy buenos y que la han acompañado durante toda su vida. 
   Se abstiene de ir a una fiesta sin embargo cuando está en una es feliz moviéndose al compás de cualquier tipo de música.
   La indignan las injusticias y cree en el poder de los ideales, le gusta la información y tiene esperanza en la democracia. 
   Luego de entrenar llega a casa y hace esa magia en la cocina de la que ya les hable, baila con la escoba y el trapeador en todas las habitaciones de su hogar y sale a buscar a sus hijos. Al transcurrir de casi tres horas, está de nuevo en casa para seguir con su día.
   Es luchadora y en el momento en que su ánimo está más allá del suelo es ahí cuando su mejor sonrisa sale a relucir aunque ella piense que los demás no lo noten. 
   

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