En el abandonado puerto de Buenaventura
donde la brisa lleva el sabor de sus habitantes, un pueblo de gastronomía
exótica y gente alegre, los días transcurren bajo intensa humedad altas temperaturas y música en
cada esquina.
Daniela llega a este lugar cada ocho días, ella vive con su
padre en la ciudad de Cali ubicada a dos horas, para ella no hay nada mejor
espera los fines de semana con ansias pues es allá donde sale a mojarse bajo la
lluvia descalza, buscando los charcos más hondos para saltar con sus amigos de
piel morena, raza que caracteriza esta zona del litoral Pacífico Colombiano.
Ella es hija única, su padre dedicado a criarla de tiempo completo pues su
madre murió cuando era muy pequeña por causas desconocidas, algo que la hacía
sentir muy sola, ella siempre soñaba con una familia, quería tener hermanos y
una madre la peinara para ir al colegio.
A sus cuatro años de vida su padre le
regala lo que sería su gran amor una perrita labrador, juguetona y amorosa la
que llamaría Chiki; desde ese momento ella comprende que nunca más estará sola
se vuelven inseparables, duermen juntas, corren y juegan todo el día.
Daniela comprende que es tener alguien que jamás la dejara, una
responsabilidad y compañía.
Un sábado en la mañana se encuentran en casa de sus
tías en Buenaventura, amanece y Daniela se da cuenta que Chiki no está a su
lado, no le da mucha importancia sabe que ella es bastante
traviesa, pero al ver que no respondía su llamado en pocos minutos la tensión
aumenta, Chiki no aparecía por ninguna parte, inmediatamente toda la
familia acude al inconsolable llanto de Daniela por su amada amiga, salen a
buscarla suponen que no debe estar lejos y tal vez el olor a comida de sus
vecinos la atrajo, buscan varias cuadras a la redonda alertan a sus vecinos y
desconocidos que si la ven por favor la traigan de regreso, pasan y pasan las
horas ya va anocheciendo y Chiki no aparece, Daniela no para de llorar y de
culparse pues cree que por no despertarse temprano Chiki se fue, su padre y
tías la consuelan diciéndole que ella es una perrita muy inteligente y pronto
llegara.
Cae la noche y todos con gran desilusión se acuestan, en el silencio de la madrugada su padre logra escuchar
un débil sonido proveniente de debajo de la casa, sin duda alguna era Chiki que
estaba atrapada en un profundo hueco que a causa del inestable terreno se había
formado debajo de la casa. Rápidamente todos en la casa, principalmente el papa
de Daniela acuden a tratar de ayudar a Chiki, con linternas palas y cuerdas
pretenden sacarla, pasadas varias horas de incansable lucha por ayudarla llega
el día y todos los esfuerzos son en vano, se dan cuenta que es imposible llegar
hasta donde se encuentra, temen que este herida
pues no se explican cómo llegó ahí, sus vecinos y bomberos llegan a
ayudar pero la única solución que encuentran es tumbar una viga de la casa, con
el peligro de que algún escombro le caiga encima y empeore la situación, así
que entienden que solo ella misma podría salirse saltando con todas sus
fuerzas.
Daniela en medio de su llanto y miedo por la situación de su amada
compañera comienza a llamarla situación que hace que Chiki agudice sus chillidos haciéndole saber
su miedo y desesperación; Daniela sabe que solo ella puede calmarla y ayudarla
para así darle ánimos de saltar fuerte, entonces se trata de calmar y con la unión que las caracteriza empieza a
explicarle que tiene que saltar fuerte para que valla a sus brazos y no
separarse nunca más, la perrita lucha con todas sus fuerzas se escucha como
salta y vuelve a caer, algo que era un avance eso motivo a todos los allí
presentes a llamarla con ánimos y se formó un coro “ Chiki salta más fuerte dale más fuerte ”
hasta que logra salir del hueco y corre a los brazos de Daniela todos celebran
y aplauden siendo esta una experiencia que marcó su vida y que nunca olvidará.
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