lunes, 12 de octubre de 2015

Vanessa, la secretaria de su vida.

      A seis horas de la capital de Venezuela, un municipio pequeño, acogedor, al que el tiempo no le afecta, casas y viejos edificios, una avenida principal, la misma de hace cuarenta años atrás, donde la necesidad abunda y las riquezas solo se encuentran en un grupo mínimo, Anaco. A las doce del mediodía de lunes a viernes caminaba a su casa al salir de la escuela, Vanessa Nuñez con una falda larga, medias altas y una cola alta de medio lado, eran los 90’s.

Arriba de una oficina, al lado de un gran patio donde acostumbraba a jugar, estaba su hogar. Un apartamento humilde y de pocos metros, con cocina de madera y desgastados muebles. En este segundo piso aprendió lo divertido de saltar en los muebles y lo valioso que es vivir en familia. En tres escuelas diferentes pero siempre el mismo hogar, junto a sus padres.
Estuvo en la guardería y primaria en un colegio privado, al llegar a secundaria las cosas se complicaron, ya no tenían como pagar. Entró al primer ciclo, una institución educativa descuidada, baños que no conocían de higiene y ni hablar de la cafetería, era difícil saber que tenía más grasa; el suelo de la cocina o la comida. A Vanessa le gustaba, fue fácil conseguir amigos. Como por ahí dicen “lo bueno dura poco”, estuvo solo tres años en este lugar y se fue al Colegio Bella Vista donde culminó sus estudios.  

Como todos, creció y se topó con la dura realidad de que su familia no siempre tenía como pagar los gastos, al culminar su sexto año empezó a trabajar, dejando  la universidad para después. Ahora al salir del trabajo la veían cada día al pasar las cinco de la tarde por aquella avenida principal, escasa de iluminación, caminar a casa.

Richard, un hombre con ínfulas de superioridad, palabras bonitas y algo de decencia hipócrita, decidió robar el corazón de la señorita Nuñez, ella se dejó llevar sin pensar que desde ahí su vida cambiaría para siempre.  Meses después aparece la noticia de que a la familia Nuñez, la cigüeña traería otro integrante, Vanessa estaba en cinta. Nadie lo esperaba.
Al enterarse Vanessa caminó de un lado a otro en el patio al lado de su apartamento, así pasaron los nueve meses, ella y su inquietud sobre el futuro. Dejo el trabajo y apareció Astrid, la bebe de la casa, y así como apareció ella, Richard se ausento y no volvió a aparecer en sus vidas.

La virtud de la vida es que te permite surgir a pesar de las adversidades y fue así como lo hizo esta valiente mujer, encontró un nuevo trabajo en el que disfrutaba estar y tres años después, paso lo que ella pensaría que no volvería a ocurrir, llego otro hombre a la vida de ella y su pequeña niña. Alberto, quien se unió a la familia de estas dos mujeres, las cuido y las ayudo.

Un comerciante, en un pueblo tranquilo, el con suerte, trabajaba para aquella minoría que solo se asociaban entre ellos mismos. Sus ingresos les permitieron comprar una pequeña y humilde casa cerca de los abuelos maternos de Astrid, los únicos que ayudaron a Vanessa  durante esos tres duros años.

Vanessa ahora cuenta con su familia, su bebe tiene nueve añitos,  una relación con Alberto estable y vela por el bienestar de sus padres. Trabaja en la universidad de Anaco organizando el papeleo. Desea retomar sus estudios, tener un título y ser un ejemplo para su hija.  

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