814
por Tiffany Wang
Son las
3:45 de la tarde de un jueves en abril,
quince minutos para que se acabe la clase de Derecho Mercantil, Rebeca recibe
un mensaje de su amiga Amy.
“¿Ya saliste?” lee Rebeca mientras trata de esconder el
teléfono.
“Como en unos quince minutos se termina la clase” Rebeca
le escribe devuelta a su amiga. “Te veo a las cinco en la salida de tu centro
de idiomas”.
Dos minutos después, Amy responde: “Sí, pero creo que me
tardaré un poco. La profesora llegó tarde y ni he empezado a presentar”.
Rebeca le responde pocos minutos después “tranquila, yo
te espero”.
Culminada la clase, Rebeca es la primera
en salir. No aguantaba estar otro minuto más encerrada en ese salón de clases
que parecía más como el desierto Antártico. Camina hacia la parada del autobús
mientras disfruta del clima soleado pero no muy caluroso. Se sube al bus 74 y
se sienta a lado de una ventana. A diferencia de muchos, Rebeca no utiliza el
celular en el bus porque le da mareos leer cuando siente que está en
movimiento. Mira el paisaje de la ciudad, las personas caminando, las motos y
carros que pasan a lado del autobús. Mira los rascacielos y se imagina después
de graduarse, poder trabajar en el departamento legal de cualquiera de las
empresas que tenga sus oficinas en uno de esos edificios. Se percata que se está
acercando la parada de la universidad donde está localizado el centro de
idiomas cuando ve el parque que usualmente iba a correr cuando vivía en esa
parte de la ciudad.
Se baja del bus y camina hacia el
campus. Pasa y ve una estatua de alguna
figura importante de la universidad. Mientras
atraviesa por los jardines llenas de flores
coloridas y aromáticas, le escribe a
Amy “Ya llegue. Voy para tu edificio”. Llega al edificio del centro de
idiomas, toma el ascensor y llega al piso
ocho. Al salir del ascensor,
aprecia la vista aérea que tiene de la biblioteca, unos estudiantes tratando de
meterse las ideas por la cabeza y otros hablando entre ellos. Rebeca camina
hacia el salón de Amy, el 814. Ve que todavía no ha terminado y decide irse a
sentar en el sillón de cuero negro que está al final del pasillo que usan los
estuantes para estudiar o tomarse una siesta. A los cinco minutos sale Amy de
clases. Ve a Rebeca sentada usando su celular y va hacia ella. Se dan un abrazo fuerte de cuatro segundos
porque no se habían visto en un largo tiempo después de su graduación de
secundaria, seis meses para ser exactos.
Eran amigas desde séptimo grado cuando Amy y Rebeca tuvieron que trabajar juntas para un
proyecto de la clase de ingles. Aunque
muy diferentes, las dos han sido muy buenas amigas al pasar de los años.
“Hola”, saluda Amy
“Hola, ¿Cómo te
fue?” responde Rebeca felizmente de ver a Amy
“Bien. La profesora es muy flexible, asi que creo que nos
fue bien”, bromea Amy. “Ire al baño rapidito y de ahí salimos”.
“Ok, vamos” dice Rebeca
“Pero se me quedo el cuaderno en el salón y mi celular
cargando. ¿Puedes ir a buscarlo mientras que voy al baño?”, pregunta Amy. “Es
en el 814”
“Dale, no hay problema”, responde Rebeca un poco
irritada. “Te veo en la salida del campus”.
Amy va al baño del piso de abajo porque usualmente en la
hora de salida se llenan los baños de ese piso. Rebecca entra al salón 814 y
prende la luz. Las paredes pintadas de blanco con mapas del país colgado en la
pared y otros avisos que dicen “Recicla los Papeles” y “Apague la luz cuando
salga”. Mientras Rebeca busca el celular, una ráfaga de viento atraviesa por la
ventana causando que se cerrara la puerta. Rebeca no se percata y sigue
buscando el celular. Lo encontró finalmente. Estaba conectado en la parte
trasera del salón tapado por las sillas. Lo agarra y pasa por las sillas para
coger el cuaderno de Amy y se dirige a la puerta. Trata de abrir la puerta pero
no puede. Sacude la manigueta múltiples veces con desesperación. En ese momento
se dio cuenta que la puerta se dañó, que se quedó encerrada. Intenta llamar a Amy pero se percata que es
inservible, el teléfono de Amy está en sus manos. Golpeando la puerta, grita
por ayuda. No hay nadie en el piso ocho para ayudarla. Son las 5:30pm, ya todos
los estudiantes se fueron. Rebeca suda frio y siente los latidos rápidos de su
corazón.
“Tranquila, tranquila, Amy subirá a buscarte”, Rebeca se
dice a sí misma para calmarse. “Ay Dios, porque me pasa esto… tranquila”
Rebeca es de una personalidad fuerte, le gusta estar en
control. Ahora no está en control, se siente desesperada y no sabe qué hacer. A
Rebeca le da vuelta todo, se cae y se golpea con una mesa y termina desmayada en el piso por la ansiedad y
alteración que tenia.
Después de salir del baño, Amy se dirige a la puerta del campus como habían
acordado. Pasaron diez minutos y notó que Rebeca tardaba mucho en
regresar. Decide regresar a buscarla
temiendo que Rebeca se haya perdido en el campus o fuera a otra salida que no
era. Llega la salón 814 y ve a Rebeca en el suelo. Trata de abrir la puerta
pero no logra. Le grita pero no parece poder escucharla. Amy trato de buscar a
alguien pero era en vano, no había nadie. Amy temía por Rebeca. Vio sangre en el piso y
pensó lo peor. “qué tal si se golpeo la cabeza y tenga una hemorragia interna”
pasó por la mente de Amy. Ella necesitaba rescatar a su amiga. Fue al salón de
alado y abrió la ventana. Su plana era
salir por la ventana y tratar de entrar por la ventana del otro salón. Cuando
intentó subirse, un hombre la agarró. Era un bombero. Ella estaba agradecida
que llegara ayuda y a la vez se preguntaba
como supieron todo lo que estaba
pasando. Los bomberos derriban la puerta con un mazo y llegan los paramédicos
para atender a Rebeca. Los bomberos le
explican a Amy que Rebeca había llamado al 911 y diciendo que estaba atrapada
en un salón de clases.
Amy se acerca a Rebeca mientras los paramédicos la
revisan y le dice “tu siempre estas llena de imprevistos”.
“Querrás decir que siempre estoy preparada, en control
hasta el final” le responde Rebeca con una sonrisa mientras que le terminan de
desinfectar la herida que tiene el brazo izquierdo.
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