Cada mañana después de que el sol
se asomara en su ventana, escuchando el sonido de los pájaros y el olor del
desayuno recién hecho, Stacy se levantaba y se acercaba a un calendario
marcando un día menos para que llegase el invierno. Ustedes se preguntaran,
¿Por qué el invierno? A todo el mundo le encanta el verano. Pues a Stacy le
gustaba el verano, pero le encantaba el invierno porque era la época del año,
donde, a pesar de que hiciera mucho frió, podía bajar al lago detrás de su casa y patinar sobre él.
Era una niña muy estudiosa, ayudaba con los quehaceres del
hogar pero siempre esperando con ansias el momento de terminarlos para salir
corriendo al lago. En verano también es su lugar preferido, se sienta al
costado de un árbol y lee sus libros favoritos mientras disfruta de la brisa
cálida y el paisaje. Es un lugar que utiliza para meditar y recordar a su padre,
quien falleció cuando aún ella estaba muy pequeña. Casi no lo recuerda pero lo
que sí sabe es que siempre solía llevarla a aquel lago a patinar.
A medida que fue creciendo,
patinar ya no significaba solo un pasatiempo para Stacy, ella deseaba con ser una gran
patinadora artística. Siempre fue una chica soñadora, pero su autoestima estaba
por el suelo. Su madre al percatarse de esto, con mucho esfuerzo, la apoyo y
decidió buscar la manera de poder inscribirla en clases. Luego de un tiempo su
madre no pudo sustentarse más con todos los gastos y Stacy tuvo que dejar sus
lecciones pero eso nunca le impidió seguir aprendiendo y patinando. Se pasaba
horas en aquel lago realizando todo tipo de acrobacias, giros y demás. Quería
dedicarse a eso y compartir sus conocimientos con otras niñas que tuvieran el
mismo deseo de ella en aprender a costa de todo.
Deseó realizar su sueño de ser
una gran patinadora, sabiendo que no era fácil lograrlo pero continúo patinando
y practicando todos los días de su vida, y pudo demostrar que cuando se
persigue un sueño a base de constancia y esfuerzo, se logra.
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